ESPACIO COMUNICATIVO ACERCA DE OSORNO Y LOS OSORNINOS, DESDE LA OPTICA DE PERIODISTAS Y PERIODISTOS...

jueves, junio 08, 2006

DICCIONARIO UTIL
¿Se enfrenta a un periodista osornino y no entiende su lenguaje? ¿Quiere "metacomunicarse" con un especimen de esta clase? Le invitamos a conocer algunos de los conceptos en boga -junto a otros históricos- que han marcado las salas de redacción de los medios de comunicación locales, durante las últimas décadas.

APONCHA'O: Dícese del periodista que tiene tantas, tantas cosas pendientes por hacer, que al final no hace ni una.

BACALAO: Nefasta clase de personajes que periódicamente (y en intervalos muy frecuentes) se apersona en las salas de redacción para entregar una información de primer, primerísimo interés...sólo para él mismo.

BAGALLO: Compra y venta de productos de ocasión. También usado como sinónimo de malas prácticas laborales, sociales y conyugales. “Tengo un bagallito más rato, paisano, así que no grite”.

CACHADA: Colación, habitualmente de dudoso origen y nula calidad alimenticia.

¡DECK!: Onomatopeya que demuestra la incredulidad ante una afirmación inverosimil. Ej: "Los periodistas ganamos cualquier plata"...!!!DECK!!! También hay variantes nuevas de esta expresión, como Dunk, splash, scrambs, Prambs y un largo etcétera, de difícil detalle.

JAITA: Texto con escaso valor informativo, destinado exclusivamente a llenar páginas o sumar minutos de noticiarios radiales y/o televisivos. Especialmente usado por editores: "Juanito, hazte una jaita de 2.500 caracteres".

LUZ: Expresión que alude a un estado de soponcio que obliga a salir inmediatamente al espacio exterior a descansar, luego de una intensa labor de tipeo.

MMMMHHH, BUEN TEMA: Expresión de satisfacción por una buena propuesta temática para reportear. En ocasiones, sin embargo, puede ser sinónimo de despido.

PAJAMAN: Cierto personaje que se caracteriza por su aficiones onanistas.

PYME: Acción de tomar café o dirigirse a uno de esos locales, del perímetro céntrico, con diversos fines, pero especiales a ejercer la dinámica del pelambre, especialmente de los superiores jerárquicos y las autoridades de turno. "Vamos a Pyme". Es sinónimo de "Indap" y "Corfo", aunque estos dos últimos son un arcaísmo.

SUEÑUM: Dícese de la persona, acción o expresión que causa aburrimiento tal en el interlocutor, que le provoca un fuerte estado de somnolencia, sólo superable con un buen pyme.


Pronto...frases célebres.

P.D. Colaboren para aumentar este glosario.

jueves, abril 06, 2006


Este sí que es nombre...

Colaboración desde España de un buen amigo (xuxa! ya somos internacionales osornopolenses!)...

jueves, marzo 30, 2006

"¿Papá, dónde vamos a jugar el próximo año?"

Hubo que soportar muchas cosas el año pasado, siempre se
habla de los sufrimientos de los jugadores, de los dirigentes
y de los hinchas, pero hay quienes están llamados a
escribir la historia empujando el carro sin que se note... Que los
sueldos no estuvieran al día, que no hubiese directorio y
que el "Turco" Naif se ausentara por casi tres meses a causa
de una lesión, eran sólo la punta del iceberg -como dice el
cliché-, porque el pedazo de hielo que había debajo era
mucho más grande, difuso y tan oscuro, que cabía perfectamente
en el limbo más recóndito de la ética periodística...
Cómo contarle a todo el mundo que al llegar a la liguilla
de promoción había una tremenda división al interior del
plantel, si en la cancha todos se mataban corriendo por el
bien del equipo. O de qué manera se podían confirmar todas las
truculencias que porteros, hinchas y los propios jugadores
denunciaban acerca del corte de las entradas, si ni
siquiera el "Duro" Aguilar se atrevía a asegurar "para la
grabadora" que les estaban robando la recaudación en las narices.
Qué hay que hacer cuando a uno se le acerca un par de
hinchas que dicen conocer a los barristas que fueron "invitados"
a robar dos veces en la sede de Provincial Osorno.
Todo había que soportarlo, no soslayarlo, pero sí
aguantarlo, creo desde mi profunda mirada de hincha, y sé que fueron
varios los colegas que pensaron de la misma forma. Pecamos,
y lo reconocimos aquella noche fatal a la que ni siquiera
pude llegar a tiempo por los problemas de siempre (tengo
entendido) para entrar a uno de los estadios con los peores
accesos de Chile.
Había empezado recién la maldita pichanga cuando corría
para ubicarme en la galucha, y tal como a los soldados que les
llega un balazo justo antes de cobijarse en la trinchera,
sonó el estruendoso Goooool! de los locales. Chucha.
Laffatigue, no importa. Había fe.
Me instalé a 10 metros de la voluminosa y bulliciosa barra,
distingo a los mismos de siempre. Al lado mío, un colega y
su señora (también periodista), no cacho a nadie más. En la
cancha, falta "Chimu"; empiezo a revisar y no me calza,
César Prambs tenía que estar jugando, pero ni siquiera viajó.
Los primeros 15 minutos los "Toros" no se hallaban, era
como usar el FIFA por primera vez y tratar de ganar algo
importante usando el teclado. Manuel Valencia sólo sabía pegar,
Carlos Mina se barría ante todo lo que se moviera, Luis
Jara no podía dar pases y "Maravilla" no existía. Pero vino el
gol de Mina en el minuto 28 para dejar todo como en el
comienzo, para aclarar la visión de fútbol taurina, tentar el
"cagazo" de Salmonix y descartar que el "Negro" Valencia se
estaba dejando perder.
Todavía no me enteraba de que Nelson Mores, en una muestra
de la "anticonfianza del técnico" había dejado fuera del
partido a César Prambs por decisión técnica, porque habría
sido él el encargado de marcar a Domingo Martínez, el
paragua que había sellado el 50 por ciento de la suerte taurina
marcando el único gol del partido de ida en el Parque
Schott. Claro, esa noche Prambs había sido reemplazado por
Galdames...
Se hizo buen fútbol en la cancha sintética del Chinquihue,
el equipo osornino, que jugando con amor propio trataba de
soslayar las carencias monetarias, progresivamente fue
sacando aplausos de los que estaban a mi lado. Cada vez que
Osorno se animaba, más se sumaban al coro de aplausos. Al
final, fueron casi 50 los que saltaron de emoción con el gol de
"Mandrake", el "Hechicero" Jara en el minuto 71, un tirazo
de sobrepique que me encrispó los pelos y con el que no
sólo se llegaba a los penales, sino que daban ganas de
gritarlo en la cara a los locales: "toma, toma, para ti...". Le
sucedió a un amigo, de hecho. Un gol que más encima daba para
ilusionarse con clasificar directamente, porque los
salmoneros terminaron pidiendo la hora, y eso que Osorno jugaba
con uno menos por expulsión de Rodrigo Escobar en el 67. La
hazaña no se logró, aunque hasta el último se luchó. Naif,
hay que consignarlo, salió 5 minutos antes del final del
encuentro. Nadie podrá quitarme el derecho a pensar que no
quería patear penales.
El azar se iba a batir a duelo con los hechos concretos, y
empezaban a penar el partido con Magallanes allá y los
puntitos con Ovalle que podrían haber mandado al "Provi" a
Primera A sin tener que llegar al partido de ida y vuelta mal
llamado liguilla de promoción, y me acordé que cada vez que
Provincial Osorno ganaba se hacía un asado en el Parque
Schott en martes o lunes, que esta vez Mores había armado su
propio plantel y que no tendría más excusa que la plata que
no había para pagar sueldos... que varios jugadores e
integrantes del cuerpo técnico ya no pasaban ni a Naif ni al
propio Mores, por el ya mítico entretiempo en que el jugador
argentino se negó a salir de la cancha, con el posterior
consentimiento del entrenador, causando el divorcio de varios
del plantel. Recordé también que no me había conseguido
todavía el himno de Provincial Osorno para partir con eso el
programa de radio del día siguiente, y que después de
escribir, habiendo llegado a Osorno, me quedaban todavía dos
cosas por hacer: ir a la celebración organizada en el Golden
West por el amigo empresario de los futbolistas y
basquetbolistas, y llegar a la casa de mi jefe en busca del florero
que prometimos llenar -y vaciar en sucesivos y largos sorbos-
con piscola el día que dejáramos los potreros. Medité sobre
lo descarados que fuimos todos al emplazar al municipio y
las empresas para obtener ayuda económica para el club con
una directiva al frente de dos personas que no eran las más
idóneas. Todo eso, mientras en la cancha se hacía la lista
de los cinco afortunados -¿o desdichados?- que podrían
llenarse de gloria ese 30 de noviembre.
Algo presentía el cordobés a lo mejor, quizá por eso se
acercó a pedir reemplazo a la banca. Y el mal augurio se me
clavó en la garganta. Guzmán tuvo la mala ocurrencia de
patear a las manos de Loyola y me pareció escuchar la voz de
"Sapito"... "a media altura, a un costado, ideal para los
arqueros". Mientras Salmonix saltaba como en pleno ataque de
epilepsia y la celebración local ya estaba desatada. Sentí
por largos cinco segundos ganas de llorar. Giglio se sentó
pensando en porqué no lo hicieron entrar para ser el salvador
que había sido en ocasiones anteriores, Schwager lloraba
desconsolado y era afirmado por los compañeros mientras daba
pasos cortos y erráticos como si fuera a desplomarse, la
cara siempre inexpresiva del Che Díaz no lograba contener la
desfiguración de su rostro por la mueca tan característica
del llanto. Hora de volver a Osorno. "Papá, dónde vamos a
jugar el próximo año", la pregunta del preescolar hijo de
Carlos Toro no era la mejor para el momento, pero resonó
fuerte en el camarín desconsolado.

FITIPALDI -Nueva adquisición de Osornópolis-

sábado, marzo 18, 2006

LA QUE CUELGA

Bitácora del Capitán Basch
Tuuuuums… tuuuums…

“Nunca podré olvidar a la estrella juvenil. No me quiso ni pescar. Te creíste el cuento…”

Soy especial. No solamente porque me sigan ovnis ni por ser un imán de gente extraña, sino porque me pasan cosas cuáticas.

La última:

Estaba inmerso en una mañana sabatina de chateo con algunas divas que uno va conociendo con los años de vida virtualizada, y cuando no hay mucho tema en común no hay nada mejor que hacerse el simpático con alguna tallita, su emoticon o su letra de canción. Así pensé.

Y siguiendo la letra del nuevo hit del dial fm el alusión a Nelson Mauri y enfrentado a una muchacha del Messenger de la cual me cuesta mantener el nexo, procedí, precisamente con una de esas actitudes infantiles tan mías. Mientras escribí la parte del coro del tema, coroné la frase con un monito que refleja la más simple y entendible de las sonrisas (el clásico smiley en amarillo), y jugué alegremente.

Xupa la q kuelgaaaaaaaaaaaaaaaaa :)

ese fue el inicio de mi profunda conversación, y me aprestaba a seguir “cantando” para darme a entender bien en el sentido que se trataba del éxito del grupo “20 cms”, cuando tuve respuesta a mi acertada mención. Quedé helado ante la intervención de la diva, cuyo nick no revelaré…

MAKITA_22:
“Yaaaa, pero primero terminaré de entregar un trabajo de la carrera ¿te tinca?”

………………………….

No es posible –pensé- que aquellos placeres que cuesta tanto conseguir en la realidad sean pan de cada día en el ciberespacio.

¿Qué harías tú si te enfrentas a algo así, y segundos después descubres que se trata de ¡TU PRIMA! (A quien habías agregado como contacto casi por un error de tipeo)?

Más que comentarios, espero ayuda

:´(


PD: Baja la canción (para que entiendas la talla, agilao).

viernes, marzo 17, 2006

VIEJOS VINAGRES

¿Sientes que te estás poniendo viejo, querido osornopolense? Averígualo en las siguientes líneas...


Hay un punto en que uno tiene tantas cosas que hacer, que no sabes por dónde empezar y al final no se hace nada...
Estoy en ese momento de inflexión, así que decidí ocupar algunos momentos de este extraño ocio en comentar algo que me da vueltas la cabezota hace un tiempo.
La pregunta es: ¿estamos (digo estamos, refiriéndonos principalmente a los padres fundadores de Osornopolis) poniéndonos viejos?
Aquí, algunas señales que indicarían que sí:

-Te molesta que tus vecinos hagan grandes carretes los fines de semana, porque tú estás cansado y lo único que quieres es dormir a pata suelta, desde las 11 de la noche.

-Como te acostaste a las 11, los fines de semana te despiertas tipo 8.30 a 9 y te levantas, “pa aprovechar la mañana”, aunque al final te quedas en puras vueltas.

-El viernes prefieres quedarte viendo Primer Plano o cualquier basura, a salir a comer o tomar.

-Preparas “desayunos ricos”, y lo tomas en la cama, mirando El Chavo o “Bakán”.

-Andas puteando a todo el mundo cuando vas en auto (¡puta la vieja culiá imprudente pa cruzar!) y lo mismo cuando vas a pata (¡para poh mierda, si voy pasando y tengo preferencia....!).

-Tratas de comer sano.

-Encuentras que los colegas más jóvenes son súper irresponsables y no le toman el verdadero peso a la profesión.

-Vas al médico, aunque no estés enfermo.

-Consideras na’ que ver que tus colegas lleguen con la caña el sábado, domingo o cualquier día.

-Te preparas para celebrar tus 10 años de egreso de la Universidad (o ya los celebraste).

Sí presentan más de tres de estas conductas, no lo duden: ¡Están hechos unos VIEJOS CULIAOS!

G.F.R.A.
(Pa’ imitar la forma de identificarse impuesta por M.P.B.G. en su denostado posteo)

P.D. Se aceptan sugerencias para agregar al decálogo del VIEJO VINAGRE.

miércoles, marzo 15, 2006

Algo me falta en mi vida
Chalindranath Quinteros de la Haza y Salcedo

Por estos días he sentido uno de los dolores más grandes de mi vida. Pero no es como la caída que sufrí desde la camioneta de mi amigo "Mercenario" en una noche de juerga y de la cual sólo recuerdo el momento en que mi padre me recogió desde la urgencia del Hospital Base; o cuando un amigo mío me atropelló y me quebró una pierna afuera de un local nocturno. Este no es un dolor físico. Es como una carga que está encima de mi corazón, apretándome cada vez que no estoy ocupado en algo. Quizás si hacer cosas o simplemente trabajar me sirve como terapia para atenuar el dolor que provocó la inesperada partida de mi madre. Aquella mujer muy querida por quienes la rodeaban y calificada una vez por un pequeño alumno suyo que no sabía que yo era su hijo como "muy estrista, pero muy buena profesora". Sus recuerdos se me confunden. Me vienen a la memoria aquellos de mi niñez, otros de mi etapa escolar, pero, por sobre todo, su última etapa en que estaba enferma y había decidido luchar, pero con sus propias armas y sin derrochar el dinero que había ganado en su vida en algún tratamiento que sólo hubiera alargado su agonía. Yo creo que ella sabía que pronto dejaría este mundo... pero no tan pronto como ocurrió de verdad. Quizás más de alguno se molestará o encontrará nada que ver que escriba algo tan personal, pero es que necesitaba expresar a través de algunas líneas todo lo que siento y todo lo que he comenzado a extrañar a mi mamá. El dolor se puede atenuar, pero está allí, confundiéndose con todos los trámites que significa la partida de un ser tan cercano y querido por uno. Como que una parte mía se fue también con su partida. Aquella mujer que hizo tantas cosas que resulta prácticamente imposible resumir todo lo que nos entregó a sus hijos. Quizás si hay algo que ella hubiese querido mucho y que era un compromiso que había asumido, es algo que me planteo en forma diaria y sé que lo voy a conseguir. Mamá, te quiero y te extrañaré mucho... más bien, te extraño y espero que siempre estés con quienes tanto te quisimos.

AL MAESTRO, CON CARIÑO

Bitácora del Capitán Basch
Tuuuuums... tuuuuums...

“Claro, claro, claro, Tristan Balman. Este equipo, no… Este equipo, no. ¡No juega ni a la payaya! Mpfffssssss”. Y cerraba tal disección de la actuación del representativo local con una creación muy suya, un ruido que venía de los intestinos, mezcla de flato y suspiro. Emanación que me acallaba un par de segundos, derretía el micrófono del programa y, de paso, desintegraba zancudos.

A pedido de mi fanaticada, he decidido contar lo que muchos esperaron por años. El viejo y querido Basch hoy se expresa en lo que ha denominado un “striptease del alma”, ofrendándose así con ocasión de un ánimo especial, ya que este rosario de confesiones solamente es posible en una situación de tranquilidad absoluta, una armonía que se consigue tras largos trazos otoñales de introspección para nivelar cuerpo, mente y espíritu.

Aquí vamos.

Mucha gente me detiene en la calle, y –tras pedirme con humildad un autógrafo- arremete con lo que a estas alturas se vuelve una fastidiosa forma de descolocarme al instante: ¿Qué es de Pedrito?

No lo han echado al olvido. La verdad, yo tampoco. Y es que pocas veces uno puede decir que tiene la dicha de conocer la sabiduría en un “café restorán” (como conceptualizaría su ex propietario), en lo que fue la presentación oficial que me llevó a la iluminación, merced a otro de sus discípulos, Guido.

Es emocionante hacer una pausa, inflar los pulmones generosamente, y mirar atrás. A esos primeros pasos en el mundo del trabajo, cuando la acogida de un maestro le valió a uno llegar tan lejos (…)

“Todo lo que sé, se lo debo a él”, le escuché decir soqueteramente alguna tarde a una promisoria figura femenina del periodismo local, en alusión a Pedrito. Claro, porque seguramente ella fue más fuerte, y fue capaz de bloquear cualquier otro aprendizaje de la academia formal y se abrió prístina a las enseñanzas de un hombre que le ganó a la vida, cosa que, de por sí, lo hace inteligente.

Uno no busca exagerar al rendir este merecido tributo en vida a quien le ha dado tanto a nuestra comunidad provincial. ¿Dije provincial? Por favor, caí en el lado débil del columpio ahora. Pedrito fue, es y será un Patrimonio de la Humanidad.

¿Cómo olvidarlo? –seco mis lágrimas tras unos minutos en que la emoción derivó en abrazante nostalgia, y me apresto a seguir este trabajo autoencomendado en pro de la riqueza cultural de la familia Osornópolis- No puedo timbrar en mi memoria aquella notificación de exhuberancia para dejarla viajar lejos, debo recuperarla para narrar un momento sagrado: Pedrito, enfrentado a la visión internacional del técnico de Provincial Osorno Oscar “Cacho” Malbernat, cuando sorprende a todo el mundo y se posiciona como el protagonista principal del espectáculo que fundió en una ensalada de patadas a los Toros con el cuadro de Copenhague.

Políglotas en el precario y alargado escenario deportivo chileno hay poquísimos, y esa es una de las razones que llevaron en el peak de su carrera al estrellato a este comentarista Marmicoc. “A ver, tenemos que pedirle sus impresiones a estos jugadores dinamarqueses”, anunciaba, iniciando su cabalgata espectacular desde el banderín del corner –“córnel”, como una vez me aclaró- hasta la boca del túnel del mítico Parque Schott. Jadeante y sudoroso, cumplía cualquier objetivo, y siempre incisivo y comprometido se apropiaba de la audiencia con lo que la gente quería saber.

“Dú yú hablar inglich?”. Impecable, soberbio, macizo en el inicio de una entrevista que se proyectaba deslumbrante. Pero, estando Pedrito a otro nivel, los jugadores daneses huían despavoridos. Su aspecto imponente de periodista hecho a mano, en el fragor del día a día, con marcadas ojeras que solamente la rigurosidad de la lectura compleja puede tallar no conseguía reciprocidad en los talentos extranjeros.

Pero no siempre hacía alarde de un manejo verbal envidiable. Para nada. Sus raíces lo sujetaban como rieles en su trayectoria. Humilde y bonachón, un tipo de la gente, cercano, cordial y extremadamente sociable. Extremadamente…

Las nuevas generaciones de comunicadores se preguntarán en este minuto en qué consistía la técnica de este semidios del micrófono. Bien, no queriendo defraudar y ya habiéndome fijado como meta realizar un “striptease del alma”, graficaré algunas cosas, advirtiendo, por cierto, que no tengo la certeza que algunos sean dignos de estas recetas ni que su seguimiento a cabalidad sea garantía de éxito similar:

Un brebaje. Sí, como primer elemento que marca la diferencia entre un tipo de radio cualquiera y el Kung-Fú de la época de oro de la radiofonía osornina. Eso sí, cargaito. De lo contrario no cumple con la dosis que descomprime la garganta que luego será la canaleta de envíos monumentales hacia los radioescuchas.

No es todo. Otro factor diferenciador recae, de acuerdo al añoso manual del sensei, en la autenticidad, característica que solamente es posible liberar con cierto margen de apuro. Me explico. Es la improvisación la llave que abre las genialidades. No confundir con desenfado. Pedrito lo supo siempre, y es por eso que se empeñaba en comprar La Cuarta –único matutino que la entregaba la otra mirada de la verdad del acontecer deportivo, un apoyo decisivo a la postre- medio minuto antes de inaugurar cada sesión con sus fieles oyentes.

Lamentablemente en este país, el chaqueteo es predominante, y en una oportunidad el programa radial que alguna vez compartimos sufrió un atentado que casi le costó al pastor del deporte un patatús. Estaba Pedrito en medio de una de sus enseñanzas, heredándonos en vida lo que él recogió en las redes que paseó longitudinalmente por carreteras, calles y caminos de piedra de su existencia, cuando un insulso auditor, cuan Judas, nos despojó del elixir.

PEDRITO: No, no. Nooopo. Cortémosla de una vez por todas. No vamos a aguantar más que lleguen a Ozorno jugadores que se vienen a robar la plata, como ese tal Dundo. Bajaba la voz un par de grados, conocedor de lo que debe resaltarse con tal o cual entonación, y proseguía. Si esta gente… Esta gente no viene a jugar, oiga. ¡Viene a tomar!

De pronto ‘flash’. El control hace una seña y Pedro, zorro viejo, la entiende un segundo antes, permitiendo la hilación perfecta con lo que había desarrollado con un preámbulo de lujo.

PEDRITO: ¿Ven? Ya lo decía yo. La gente no quiere más de esto. La gente quiere fúbol, FU… BOL –recalcaba para el mejor entendimiento de todos quienes nos deleitábamos con lo que pregonaba con maestría-. La gente está molesta. Está molesta. Con estos borrachos que llegan a robarse la plata. ¿O no, amigo? Los micrófonos abiertos para atender la opinión del hincha. Tenemos un contacto al aire, ¡adelante hincha!
EL HINCHA: Don Pedro, tanto que habla de los borrachos, y usted siempre anda como huasca por Los Carrera.

Brutal. Se corta el contacto. Era lógico. Una afrenta al gurú, y el programa no permitía semejantes calumnias.

PEDRITO: Yo, mi amigo, no juego, ¡comento!

Un tapón impresionante, reverdeciendo laureles de su pasado cesteríl.
Aclarado absolutamente.
Ante un ataque monstruoso Pedrito la paraba de pecho y salía jugando con una explicación que revalidaba el pasaje bíblico de “la paz después de la tormenta”. Con mesura y tan preciso como siempre, basta acordarse de alguna de sus tantas parábolas al aire para enmendar el rumbo perdido, especialmente por quienes nunca estarán a la altura del mejor.

¡Grande!

TODA OBRA NARRATIVA QUE SE PRESENTA EN ESTE ESPACIO DEBE SER ENTENDIDA COMO FRUTO DE LA FICCION QUE IMPRIME EL EQUIPO TECNICO Y HUMANO DE OSORNOPOLIS. CUALQUIER ALCANCE DE NOMBRE, APELLIDO, APODO O CIRCUNSTANCIA, ES MERA CASUALIDAD.

lunes, marzo 13, 2006

A LA MEMORIA DE DON JUANITO...

Frente a Cristian y separado por un vidrio, tuve un primer momento de duda. Volví a acercarle su celular, ahora separados por el vidrio, apuntándole el nombre de Juan Oyarzún en la pantalla, y Cristian volvió a asentir con los pulgares en alto, mientras encaminaba el comentario hacia la presentación de nuestro entrevistado.
Marqué, y una voz familiar apareció del otro lado de la línea...

Era enero de 2000 cuando al son de unos shops en el legendario Ipanema, dimos vida junto a Guido Rodríguez y Gonzalo Canales, a un programa deportivo que llevó por nombre “Toros al Aire”, el que se perfilaba como un proyecto radial “directo, equilibrado y ameno”.
Empezamos con harta fuerza y ganas. Arrendamos un espacio diario en La Palabra, y vendimos muchísima publicidad, al punto en que no tardamos en levantarle a Cristian Baschmann a la Onda Deportiva, en una jugada maestra que generó roces con colosos de la radiofonía local como Pedrito Arancibia y Guillermo “Güilo” Sáez. Con el primero, nos sinceramos y limamos asperezas con unas buenas piscolas un día a las 6 de la tarde, las que me hicieron regresar bastante “contento” a la reunión de directorio de Provincial Osorno a las 8. Creí que mi estada en ese lugar “a media estaca” pasaba piola hasta que el “Siete Pulmones” Rubén Marcos, en ese entonces director del club y quien se encontraba sentado a mi lado me dijo: “parece que estuvo trabajada la tarde Ricardito”, en una sarcástica alusión a mi inconfundible olor a cantina ambulante. Pero bueno, eso da para otra historia.
Estábamos hablando del programa “Toros al Aire”. El espacio diario formaba parte de la propuesta de trabajo que me trajo de vuelta a Osorno ese año, contratado como gerente de Provincial Osorno fútbol, ya que hasta entonces me desempeñaba en el ahora fenecido Diario Metropolitano de la capital.
Con cuatro panelistas y una buena cantidad de llamadas telefónicas a los protagonistas de la noticia deportiva, hicimos algo más que interesante, un aporte en cuanto a trabajo profesional, diría yo.
Todo iba bien, hasta que renuncié a fines de septiembre al club, para integrarme a El Diario Austral. Paralelamente, el equipo de fútbol profesional, “leiv motiv” del programa, abrochaba su peor campaña en los 17 años de historia del club. A esto se sumaba el hecho que con Guido cada vez más absorbido por el frente de “Agricultura y Política” en el Diario, Cristian a full con “Educación” y la página de Cibernautas y yo metido en “Gestión Cívica”, el programa comenzó a descansar casi exclusivamente en Gonzalo, quien se transformó el sostén del programa entre octubre y diciembre, periodo en que por culpa especialmente de Guido y mía, el programa perdió la fuerza inicial.
Como soldado que arranca sirve para otra guerra, a esas alturas “Toros al Aire” se había ido lentamente arrimando a la mejor sombra del básquetbol, que por esos días arrasaba con cuanto rival se le ponía por delante, mientras el fútbol estaba ya condenado a vivir su último año en la “A”.
Con el comentario especializado de Cristian y Gonzalo; Guido completamente alejado y yo a medio morir saltando con mi compromiso radial, vino un infortunado incidente al estilo Chino Ríos-Manolo Astorga: lesioné gravemente a Chalo, privando a “Toros al Aire” del que a esas alturas era su verdadero corazón y también cabeza –en todo sentido de la palabra-.
Para enmendar tan grave condoro, que por cierto da para otra historia, tuve que volver a comprometerme con el programa y acompañar a Cristian. El asunto es que los estudios de La Palabra estaban –siguen ahí hasta el día de hoy- en el cuarto piso de un edificio de calle Ramírez, por lo que Chalo estaba totalmente impedido se subir la escaleras –la lesión que le provoqué fue un esguince severo de tobillo que lo tuvo 40 días enyesado-.
Completamente desenchufado de los entretelones del básquetbol, fui a acompañar a Cristian. El Provi se aprestaba a jugar su primer partido por la serie final de la Dimayor ante la U de Conce, y con Cristian hacíamos un programa en la nuestra: mucha motivación, recuerdos sacados de los escaparates de la historia deportiva local y análisis de gestas relevantes, esas que levantan el orgullo osornino.
Mientras conversábamos (o rellenábamos, como usted prefiera), Cristian me hizo la señal con las manos de que era tiempo de hacer un contacto telefónico. El rostro se me iluminó, ya que cuando uno no tiene mucho que aportar en un programa deportivo, como era mi caso ese día, no hay nada mejor que apretar a un entrevistado y dejar que corra el reloj hasta completar la hora.
Tomé el celular de Cristian y mientras él continuaba hablando, le fui mostrando los contactos basquetbolísticos presentes en su teléfono: ¿Leo Méndez?, le mostré en la pantalla del aparato celular, y movió la cabeza, ya que lo había entrevistado el día anterior. Lo mismo ocurría con Patrick Sáez y Jorge Soto. Volví atrás en las memorias, y me encontré con Juan Oyarzún, el pívot nacional que alternaba en la titularidad. Cristian movió afirmativamente la cabeza, con sus pulgares en alto, mientas yo salía del estudio para hacer el contacto “CTC Telefónica”. Frente a Cristian y separado por un vidrio, tuve un primer momento de duda. Volví a acercarle su celular, ahora separados por el vidrio, apuntándole el nombre de Juan Oyarzún en la pantalla, y Cristian volvió a asentir con los pulgares en alto, mientras encaminaba el comentario hacia la presentación de nuestro entrevistado.
Marqué, y una voz familiar apareció del otro lado de la línea:
-Aló.. ¿Juan?
-Sí, con él.
-Hola Juan, te habla Ricardo Alt del “Toros al Aire”, es para que puedas comentarnos un poco lo que se viene para este fin de semana en el partido frente a la U de Conce.
Tras un breve silencio del otro lado, Juan accedió. “Bueno, bueno, no hay problema”, señaló sin mucha convicción, algo natural, pensé, para alguien que por falta de minutos jugados no se siente con toda la propiedad para referirse a un trabajo que puede terminar en un título Dimayor.
Aún así, tuve un segundo momento de duda... su voz me era demasiado familiar, y yo nunca había hablado con el basquetbolista Juan Oyarzún.
-Juan -repetí- ¿estás listo?
-No hay problema, me contestó del otro lado, con la misma falta de convicción.
Mientras tanto, a Cristian ya se le “acababa el aire” y me hacía señas desde dentro del estudio para que vuelva a apoyarlo.
Regresé e inicié el camino sin retorno hacia un gran papelón... “Tenemos en línea en estos momentos a Juan Oyarzún, un hombre que se ha ganado lentamente la confianza del técnico Carlos Schwarzemberg en este impecable camino taurino hacia el título Dimayor 2000... ¿Cómo le va Juan?, muy buenas tardes”, señalé y tras un breve silencio, ocurrió lo peor.
-“Oiga don Guido, yo no sé nada de básquetbol... si quiere le puedo hablar de fútbol”, comenzó a decir.
Mis manos taparon mi rostro y Cristian me miraba con cara de estupefacción. Al otro lado del vidrio, frente a nosotros, Jairo, nuestro amigo y control del programa, se encogía de hombros como preguntando qué hacer. Todo esto mientras Juan Oyarzún, el chofer de El Diario Austral de Osorno, iniciaba su explicación acerca de por qué sabía más de fútbol que de básquetbol.
Me llevé la mano derecha hacia el cuello y comencé a hacer insistentes movimientos como para indicarle a Jairo que corte a don Juanito, quien con su mejor disposición nos estaba ayudando, según él, en el programa.
No sabía qué decir y Cristian tampoco, a tal punto que salió corriendo del estudio rumbo a las escalas, en otras palabras, huyendo ante tamaño bochorno. Yo seguí sus pasos y tras nosotros, Jairo, el control, nos rogaba que regresemos porque estábamos al aire.
Sólo silencio salía por la ondas de Radio La Palabra a esa hora, nada “directo, equilibrado o ameno”, mientras don Juanito, seguramente, aún no entendía por qué le habíamos cortado el teléfono. Regresamos a terminar lo que quedaba de programa y en realidad no recuerdo nada de lo que vino después, ha pasado mucho tiempo ya –casi seis años-.
Al regresar al Diario en la tarde, ya todos sabían lo ocurrido, éramos el hazmerreír de todos y con justicia, porque los programas serios que se precien de tales no pueden hacerse con tal grado de improvisación.
Don Juanito nos esperaba en el Diario con su tradicional sonrisa. Ni siquiera sabía que en el equipo de básquetbol de los “Toros” había un jugador que se llamaba igual que él. “Yo lo hice por ayudarlos”, señaló entre risas.Esta historia, redactada a pedido de “Osornópolis”, es un humilde homenaje para él, un deportistas de tomo y lomo, arquero en muchas justas de nuestro equipo de beibifútbol del Diario y que por esas cosas del destino, partió mucho antes de tiempo. Su “yo no sé nada de básquetbol”, es ya una frase de culto.


CHILE 0 URUGUAY 1
Bitácora del Capitán Basch
Tuuuuuuuuuums... tuuuuuuuums...

Todo está en el imaginario colectivo. Desde la “Señora Juanita” de Ricardo Lagos hasta el fetichismo disfrazado de arte de Tunick, pasando, claro, por la interpretación de un noble animador de televisión que ve a Coco Legrand como un “espermatozoide” (…)

Dicho esto, puedo entrar al área chica (se viene un relato ultra deportivo, por siaca).

Sucedió en Osorno. Ciudad reconocida a nivel mundial por la leche, la carne, el consumo de alcohol y las mujeres voluptuosas.

Llegan tres amigos a un céntrico local a tomarse una ‘pilsen’… Uno de ellos, el más jugado, le pone combinado con blanca en vez de cerveza, lo cual, lógicamente, le va acelerando su debilidad frente a la bebida.

Pero lo más importante está en el ambiente. El local, a simple vista nada especial, contaba con una moza nueva. Buenamoza. Inmediatamente, su simpatía, su cordialidad, su edad y su talla de sostén dejaron paralogizados a los tres amigos (amigos, no chanchitos, aunque vale igual). El más impactado, nuestro acelerado bebedor.

Cada mirada de nuestro “representante” –ya entrando a relacionar la introducción del imaginario colectivo- era respondida con la prestancia de Massú por nuestra doncella, a quien llamaremos “Brenda” para efectos de esta narración.

Ganaba y ganaba. Se sentía bien. Se abría la camisa para mostrar un pecho peludo (nuestro representante, no la mina, giles!). Y ella ahí, expectante, suave, fragante.

Pero todo puede pasar en Osorno. Y de esta manera, llega en la más intrigante soledad un uruguayo a sentarse a la barra, so pretexto de la simpleza de una ‘chela’ rápidamente le empieza a meter cuento a “Brenda”. Uruguayos po… eternos imitadores de los argentinos en esa cosa canchera, que da cuenta para algunos de una suprema personalidad y para otros de una patudez que enferma.

De lleno en el imaginario colectivo, los acontecimientos llevaban a un necesario choque Chile-Uruguay. Los dos acompañantes de nuestro representante le sacaban las telarañas a sus memorias y recogían la figura del “Mortero” Aravena en aquel gol olímpico en el 2-0 ante los charrúas por las eliminatorias al Mundial de México ’86, triunfo que evidentemente no sirvió de nada, salvo para aleonar muchos años después a nuestro representante.

“Brenda” oponía resistencia. Tampoco tanta, pero al menos no caía de bruces sobre el cuentista forastero. En tanto, mezcla de nerviosismo y trago –típico del chileno, en todo caso- nuestro representante acomete contra su propio arco…

Lo que había sido un digno papel. Una presentación decorosa. Un empate que despertaba aplausos en la parcialidad, se transformó en una derrota humillante. La vergüenza de dar vuelta un copete rebosante y saludable sobre la mesa y los pantalones de uno de los acompañantes no solamente eran homologables con un autogol de antología para nuestro representante, sino que consagraban el triunfo celeste con una farsante solicitud de querer ayudar por parte del rival, quien tomó un pañito y se puso a secar el piso. Contragolpeador, y ambicioso, se llevó los puntos, y el número celular de “Brenda”.

Luego se retira. Con una media sonrisa dibujada en el caracho, seguro, dueño absoluto del confronte. Y “Chile” basureado por su propia afición (los acompañantes).

Cerrando una jornada para el olvido. De una mesa donde sobrevivían los únicos mutantes que hacían la pelea a esa hora de la noche-mañana, llegaban insolentes miradas… por su aspecto, se podría aventurar que se trataba de la Selección Peruana, dispuesta a rematar la derrota preliminar. En efecto, los del Rimac, ganaban de una. “Brenda” absolutamente entregada a los intereses internacionales, se sentaba con ellos, fumándose un cigarro –en una acción que era vista por sus ‘comensales’ como la chispa para sus fantasías eróticas-.

Esa noche, perfectamente pudo haberse presentado un parchado elenco boliviano y habría ganado igual. Simplemente, no era la "tarde" de Chile. Había que retirarse, y esperar la revancha.

La de culto: “No se nos dieron las cosas, pero hay que seguir trabajando”.