A LA MEMORIA DE DON JUANITO...
Frente a Cristian y separado por un vidrio, tuve un primer momento de duda. Volví a acercarle su celular, ahora separados por el vidrio, apuntándole el nombre de Juan Oyarzún en la pantalla, y Cristian volvió a asentir con los pulgares en alto, mientras encaminaba el comentario hacia la presentación de nuestro entrevistado.
Marqué, y una voz familiar apareció del otro lado de la línea...
Era enero de 2000 cuando al son de unos shops en el legendario Ipanema, dimos vida junto a Guido Rodríguez y Gonzalo Canales, a un programa deportivo que llevó por nombre “Toros al Aire”, el que se perfilaba como un proyecto radial “directo, equilibrado y ameno”.
Empezamos con harta fuerza y ganas. Arrendamos un espacio diario en La Palabra, y vendimos muchísima publicidad, al punto en que no tardamos en levantarle a Cristian Baschmann a la Onda Deportiva, en una jugada maestra que generó roces con colosos de la radiofonía local como Pedrito Arancibia y Guillermo “Güilo” Sáez. Con el primero, nos sinceramos y limamos asperezas con unas buenas piscolas un día a las 6 de la tarde, las que me hicieron regresar bastante “contento” a la reunión de directorio de Provincial Osorno a las 8. Creí que mi estada en ese lugar “a media estaca” pasaba piola hasta que el “Siete Pulmones” Rubén Marcos, en ese entonces director del club y quien se encontraba sentado a mi lado me dijo: “parece que estuvo trabajada la tarde Ricardito”, en una sarcástica alusión a mi inconfundible olor a cantina ambulante. Pero bueno, eso da para otra historia.
Estábamos hablando del programa “Toros al Aire”. El espacio diario formaba parte de la propuesta de trabajo que me trajo de vuelta a Osorno ese año, contratado como gerente de Provincial Osorno fútbol, ya que hasta entonces me desempeñaba en el ahora fenecido Diario Metropolitano de la capital.
Con cuatro panelistas y una buena cantidad de llamadas telefónicas a los protagonistas de la noticia deportiva, hicimos algo más que interesante, un aporte en cuanto a trabajo profesional, diría yo.
Todo iba bien, hasta que renuncié a fines de septiembre al club, para integrarme a El Diario Austral. Paralelamente, el equipo de fútbol profesional, “leiv motiv” del programa, abrochaba su peor campaña en los 17 años de historia del club. A esto se sumaba el hecho que con Guido cada vez más absorbido por el frente de “Agricultura y Política” en el Diario, Cristian a full con “Educación” y la página de Cibernautas y yo metido en “Gestión Cívica”, el programa comenzó a descansar casi exclusivamente en Gonzalo, quien se transformó el sostén del programa entre octubre y diciembre, periodo en que por culpa especialmente de Guido y mía, el programa perdió la fuerza inicial.
Como soldado que arranca sirve para otra guerra, a esas alturas “Toros al Aire” se había ido lentamente arrimando a la mejor sombra del básquetbol, que por esos días arrasaba con cuanto rival se le ponía por delante, mientras el fútbol estaba ya condenado a vivir su último año en la “A”.
Con el comentario especializado de Cristian y Gonzalo; Guido completamente alejado y yo a medio morir saltando con mi compromiso radial, vino un infortunado incidente al estilo Chino Ríos-Manolo Astorga: lesioné gravemente a Chalo, privando a “Toros al Aire” del que a esas alturas era su verdadero corazón y también cabeza –en todo sentido de la palabra-.
Para enmendar tan grave condoro, que por cierto da para otra historia, tuve que volver a comprometerme con el programa y acompañar a Cristian. El asunto es que los estudios de La Palabra estaban –siguen ahí hasta el día de hoy- en el cuarto piso de un edificio de calle Ramírez, por lo que Chalo estaba totalmente impedido se subir la escaleras –la lesión que le provoqué fue un esguince severo de tobillo que lo tuvo 40 días enyesado-.
Completamente desenchufado de los entretelones del básquetbol, fui a acompañar a Cristian. El Provi se aprestaba a jugar su primer partido por la serie final de la Dimayor ante la U de Conce, y con Cristian hacíamos un programa en la nuestra: mucha motivación, recuerdos sacados de los escaparates de la historia deportiva local y análisis de gestas relevantes, esas que levantan el orgullo osornino.
Mientras conversábamos (o rellenábamos, como usted prefiera), Cristian me hizo la señal con las manos de que era tiempo de hacer un contacto telefónico. El rostro se me iluminó, ya que cuando uno no tiene mucho que aportar en un programa deportivo, como era mi caso ese día, no hay nada mejor que apretar a un entrevistado y dejar que corra el reloj hasta completar la hora.
Tomé el celular de Cristian y mientras él continuaba hablando, le fui mostrando los contactos basquetbolísticos presentes en su teléfono: ¿Leo Méndez?, le mostré en la pantalla del aparato celular, y movió la cabeza, ya que lo había entrevistado el día anterior. Lo mismo ocurría con Patrick Sáez y Jorge Soto. Volví atrás en las memorias, y me encontré con Juan Oyarzún, el pívot nacional que alternaba en la titularidad. Cristian movió afirmativamente la cabeza, con sus pulgares en alto, mientas yo salía del estudio para hacer el contacto “CTC Telefónica”. Frente a Cristian y separado por un vidrio, tuve un primer momento de duda. Volví a acercarle su celular, ahora separados por el vidrio, apuntándole el nombre de Juan Oyarzún en la pantalla, y Cristian volvió a asentir con los pulgares en alto, mientras encaminaba el comentario hacia la presentación de nuestro entrevistado.
Marqué, y una voz familiar apareció del otro lado de la línea:
-Aló.. ¿Juan?
-Sí, con él.
-Hola Juan, te habla Ricardo Alt del “Toros al Aire”, es para que puedas comentarnos un poco lo que se viene para este fin de semana en el partido frente a la U de Conce.
Tras un breve silencio del otro lado, Juan accedió. “Bueno, bueno, no hay problema”, señaló sin mucha convicción, algo natural, pensé, para alguien que por falta de minutos jugados no se siente con toda la propiedad para referirse a un trabajo que puede terminar en un título Dimayor.
Aún así, tuve un segundo momento de duda... su voz me era demasiado familiar, y yo nunca había hablado con el basquetbolista Juan Oyarzún.
-Juan -repetí- ¿estás listo?
-No hay problema, me contestó del otro lado, con la misma falta de convicción.
Mientras tanto, a Cristian ya se le “acababa el aire” y me hacía señas desde dentro del estudio para que vuelva a apoyarlo.
Regresé e inicié el camino sin retorno hacia un gran papelón... “Tenemos en línea en estos momentos a Juan Oyarzún, un hombre que se ha ganado lentamente la confianza del técnico Carlos Schwarzemberg en este impecable camino taurino hacia el título Dimayor 2000... ¿Cómo le va Juan?, muy buenas tardes”, señalé y tras un breve silencio, ocurrió lo peor.
-“Oiga don Guido, yo no sé nada de básquetbol... si quiere le puedo hablar de fútbol”, comenzó a decir.
Mis manos taparon mi rostro y Cristian me miraba con cara de estupefacción. Al otro lado del vidrio, frente a nosotros, Jairo, nuestro amigo y control del programa, se encogía de hombros como preguntando qué hacer. Todo esto mientras Juan Oyarzún, el chofer de El Diario Austral de Osorno, iniciaba su explicación acerca de por qué sabía más de fútbol que de básquetbol.
Me llevé la mano derecha hacia el cuello y comencé a hacer insistentes movimientos como para indicarle a Jairo que corte a don Juanito, quien con su mejor disposición nos estaba ayudando, según él, en el programa.
No sabía qué decir y Cristian tampoco, a tal punto que salió corriendo del estudio rumbo a las escalas, en otras palabras, huyendo ante tamaño bochorno. Yo seguí sus pasos y tras nosotros, Jairo, el control, nos rogaba que regresemos porque estábamos al aire.
Sólo silencio salía por la ondas de Radio La Palabra a esa hora, nada “directo, equilibrado o ameno”, mientras don Juanito, seguramente, aún no entendía por qué le habíamos cortado el teléfono. Regresamos a terminar lo que quedaba de programa y en realidad no recuerdo nada de lo que vino después, ha pasado mucho tiempo ya –casi seis años-.
Al regresar al Diario en la tarde, ya todos sabían lo ocurrido, éramos el hazmerreír de todos y con justicia, porque los programas serios que se precien de tales no pueden hacerse con tal grado de improvisación.
Don Juanito nos esperaba en el Diario con su tradicional sonrisa. Ni siquiera sabía que en el equipo de básquetbol de los “Toros” había un jugador que se llamaba igual que él. “Yo lo hice por ayudarlos”, señaló entre risas.Esta historia, redactada a pedido de “Osornópolis”, es un humilde homenaje para él, un deportistas de tomo y lomo, arquero en muchas justas de nuestro equipo de beibifútbol del Diario y que por esas cosas del destino, partió mucho antes de tiempo. Su “yo no sé nada de básquetbol”, es ya una frase de culto.